Capitulo 2. El instituto.
"Llueve a cántaros. ¿Esque aquí nunca parará de llover?",pensé mientras me ponía mi sudadera favorita
La verdad es que resulta un poco cómodo, porque mis lágrimas se confunden con gotas de lluvia. Bajé corriendo y haciendo el mayor ruido por las escaleras, cuando llegué a la cocina tropecé con una silla y me caí al suelo. Soy una verdadera patosa.
-Vaya, aunque la mona se vista de seda mona se queda...-dijo Kevin mientras echaba más cereales en su cuenco. Le miré mal, mi día ya no empezaba bien y acabaría peor, segurísimo...
-Oye ¿De verdad que no te molesta nada de esta situación? Digo.. dejar a tus amigos, tu equipo todo...-y miré por la ventana mientras noté como había cambiado la expresión de su rostro.
-Claro que me molesta, pero vamos ¿Tú no te morirías por vivir aquí? Además, las tías están puff buenisimas.-y se rió mientras dejó su cuenco en el fregadero, yo puse los ojos en blanco.
-Pero si apenas hablas bien el inglés ¿Como las vas a entender?.-y le eché la lengua.
Tardé bastante en desayunar, soy muy lenta, pero ese día no tenia ganas de nada. Cogí la mochila y me fui a mi nuevo y espantoso instituto. Me horrorizaba la idea de ser el centro de atención, tener muchos ojos clavados en mí, susurros y risas por mi forma de andar, de vestir o de ser como soy...Me perdí varias veces ya que mi sentido de la orientación es práctica mente nulo, se debió de quedar en algunas de las cajas de la mudanza, no lo sé. Cuando entré en clase temí lo peor, todos me estaban viendo
¿Y qué veían?. A una extraña de rizos indefinidos, una don nadie que jamás encajaría entre las chicas de su clase, que parecían salidas de una revista de modelos. Era insignificante, pequeña, fea...y de los chicos mejor ni hablo, no tendría posibilidades con ellos. Me presenté con el peor inglés que se podría haber oído jamás y me senté en el fondo de la clase oyendo las disimuladas risitas. Traté de no llorar.
Cuando sonó el timbre del recreo, un montón de gente se acercó a mi mesa como leones a por un trozo de carne. Nerviosa desvié la mirada y tartamudeé, pero entonces oí una voz.
-Hola Emily, soy Danielle.- me dijo una chica de pelo corto color negro azabache, que instintivamente me recordó a Kevin, me sorprendió que hablase muy bien el español, me sonrió ampliamente acto seguido me agarró de la mano y me liberó de la eufórica masa.
-Emm... Vaya.. gracias...- Conseguí decir por fin.- Hablas muy bien el español.
-Gracias, esque mi padre tiene empresas allí y vamos todos lo veranos a España.- dijo triunfante mientras jugueteaba con uno de sus cortos mechones.
"Vaya, una riquachona", pensé con desánimo.
-Buenooo, ¿Y tú que haces aquí?
-A mi padre le ofrecieron un buen trabajo aquí y hemos tenido que mudarnos...
-Ah, vaya, supongo que no te debe gustar nada por la cara que tienes. ¿Y que te gusta hacer?
-Mmm.. jugaba al baloncesto, pero ¡báh! soy un paquete, m-me gusta escribir y me gusta One direction...
Danielle pegó un grito, casi me deja sorda, me agarró de las manos y dió leves saltos.
-¡Wow! A mi me ¡Ahhhh! no tengo palabras. Vaya, me caes mejor de lo que esperabas.
-Gracias.. supongo.
-Mira dame tu número de teléfono y hoy quedamos para ir de compras vale?.-Dijo en español, pero se le notaba su fuerte acento.
Le dí mi número, el resto de las hora, nadie se despegó de mi. Me hacían preguntas, me sacan fotos. ¡Era el juguete de todos! Al fin llegué a casa, bueno, aún no le puedo llamar casa. Tiempo dspués Danielle me llamó.

